Cuando el amor duele: el narcisismo y sus tácticas emocionales a la luz de la fe

Amiga, quiero hablarte de algo que muchas veces se disfraza de amor, pero que en realidad desgasta el alma: el amor condicionado, manipulador y egoísta.

Ese que promete mucho, pero deja heridas profundas.

El que te hace dudar de tu valor, de tus recuerdos e incluso de tu fe.

Quizás alguna vez te encontraste en una relación —de pareja, amistad o incluso familiar— donde te sentías confundida, agotada, o emocionalmente vacía.

Ese tipo de vínculo no era amor… era dependencia emocional disfrazada.

Y lo más probable es que hayas estado frente a una persona con rasgos narcisistas.

¿Qué es el narcisismo, realmente?

Desde la psicología, el narcisismo no es solo “quererse mucho”. Es una distorsión del amor propio donde el “yo” se convierte en el centro del universo.

Una persona con rasgos narcisistas necesita constantemente atención, admiración y control.

No busca amar, sino alimentarse de la energía emocional de los demás.

Y desde una mirada espiritual, podríamos decir que el narcisismo es el reflejo del corazón que se ha puesto a sí mismo en el trono, desplazando a Dios.

Es la vieja tentación del Edén: “Serás como Dios.” (Génesis 3:5)

El verdadero amor, el que viene del cielo, no busca lo suyo (1 Corintios 13:5).

El amor de Cristo da, no exige. Sana, no hiere. Ilumina, no confunde.

Las tácticas del narcisista: cómo opera el amor que no viene de Dios

El narcisismo relacional tiene un patrón muy claro: idealización → manipulación → descarte → reenganche.

Es un ciclo que confunde, desgasta y deja al alma sintiéndose vacía.

Veamos cómo actúa, para que puedas reconocerlo y sanar.

1. Control

Te hace sentir que solo estás segura si haces lo que esa persona quiere.

Usa el miedo, la culpa o el chantaje para dominarte.

“Porque Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
— 2 Timoteo 1:7

El control es una distorsión del amor.

Cristo enseña que el verdadero poder está en dominarse a sí mismo, no en dominar a otros.

2. Manipulación

El narcisista juega con tus emociones para conseguir lo que desea.

Puede victimizarse, mentir o exagerar para lograr que cedas.

Todo lo hace con una finalidad: mantener el control emocional sobre ti.

“Los labios mentirosos son abominación a Jehová.”
— Proverbios 12:22

La manipulación es la herramienta de quien teme perder poder.

La verdad, en cambio, siempre libera (Juan 8:32).

3. Gaslighting

Te hace dudar de ti misma.

Te dice que estás loca, que exageras o que inventas cosas.

Poco a poco, pierdes confianza en tu percepción y dependes más de su versión.

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!”
— Isaías 5:20

El gaslighting distorsiona la realidad, pero Dios no es Dios de confusión, sino de paz. (1 Corintios 14:33)

4. Benching

Es cuando te mantiene “en la banca”.

Te da atención de vez en cuando, te dice lo justo para que no te vayas,

pero jamás se compromete de verdad.

“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”
— Santiago 1:8

El amor genuino no te deja en pausa.

Dios no juega con tus expectativas; Él cumple lo que promete.

5. Ghosting

De repente desaparece sin explicación.

Te deja con mil preguntas, sintiéndote usada o confundida.

Y muchas veces, cuando tú apenas comienzas a sanar, vuelve como si nada.

“El amigo ama en todo tiempo.”
— Proverbios 17:17

El amor que viene de Dios no huye cuando hay dificultad, permanece y enfrenta con verdad.

6. Hoovering

Después de alejarse, vuelve a “succionarte” emocionalmente.

Te escribe, te promete que cambió, te dice que te extraña…

Pero no porque te ame, sino porque necesita reactivar su fuente de suministro emocional.

“El perro vuelve a su vómito.”
— 2 Pedro 2:22

Aprende a cerrar ciclos con firmeza.

No todo lo que suena a reconciliación viene de Dios.

7. Love Bombing

Es el inicio de todo.

Te idealiza, te llena de halagos, te promete amor eterno.

Pero no es amor: es una estrategia de conquista emocional para ganarse tu entrega.

“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.”
— Romanos 12:9

El amor verdadero se demuestra con coherencia, no con intensidad momentánea.

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